mardi, août 11, 2015

El mito digital


Salvador Dalí pintaba relojes blandos: el tiempo se volvía elástico 
y la materia fluida. Ahora, tenemos imágenes “liquidas”. 
La rapidez deshace la permanencia de las imágenes
pero también a los propios objetos. ¿Cree esta nueva “estética de la
desaparición” evocar a Paul Virilio? Vemos cómo se multiplican las
prácticas extremas, las visiones apocalípticas o post-apocalípticas,
así como también las concepciones del hombre post-biológicas,
post-historias, post-nacionales, post-humanas, etc. ¿Y por qué no
hablar de la post-realidad? Un sentimiento del fin del mundo se impone,
a menudo asociado a un deseo contrario de exploración de
una “nueva frontera” de la vida donde nos volvemos los creadores
del mundo, incluidos nosotros. Las dos posturas coexisten.
Cuando la imagen del mundo parece deshacerse, es porque
una nueva imagen está en proceso de elaboración, se hace eco de
las nuevas estructuras sociales, de los cambios ideológicos y tecnocientíficos,
de los cuales los contemporáneos aún no tienen idea.
Ese fue el caso con el surgimiento del Renacimiento, el clasismo, el
barroco, el impresionismo, el fauvismo, el cubismo, el futurismo y
el constructivismo, el surrealismo, el arte abstracta, etc. Entonces,
¿cómo no preguntarse cuál es la nueva cosmogonía de la que se
habla en la actualidad? Los artistas, una vez más, ¿serán los descubridores
e incluso, los creadores? ¿O le dejarán ese rol de pioneros
a los científicos? ¿Deberemos admitir, por primera vez, que una
imagen coherente del mundo no es posible? ¿En qué universo vamos
a cambiar? ¿Seremos confrontados a una ruptura antropológica,
a una imagen del mundo radicalmente nueva?

Esta dimensión digital de la vida solamente concierne a una
minoría de los adultos. Ya esta  omnipresentel y banal para las nuevas generaciones.
Además, parece que pronto ya no será necesario recordar
que vivimos en un ambiente digital. Hablamos del aire
que respiramos únicamente cuando está excepcionalmente puro o
contaminado. O cuando nos hace falta. Ya tenemos el cielo y las
nueves digitales, la ecología digital. Pronto deberemos admitir la

banalidad de la digitalización.

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